miércoles, 28 de enero de 2015

¿Apoyará el nuevo gobierno griego los derechos de los palestinos?

La prensa israelí ha reaccionado con preocupación a la victoria electoral en Grecia de Syriza, el partido de izquierda contrario a la austeridad. Mientras que la prensa británica ha expresado su nerviosismo por el “curso hostil” que, supuestamente, Syriza ha emprendido frente a Europa o “los mercados”, en Israel los periodistas han gastado gran cantidad de tinta sobre lo que todo esto significa para Israel.


La opinión mayoritaria en Israel es que esto son malas noticias. Y, ciertamente, algo hay de eso.
El “programa de 40 puntos” del partido, elaborado en 2012, pide la “abolición de la cooperación militar con Israel” como parte de una postura general antimilitarista. También pide la retirada de las tropas griegas de Afganistán y los Balcanes, en base al principio de “ningún soldado griego más allá de nuestras fronteras”. Propone, incluso, el cierre de todas las bases extranjeras existentes en el país y la retirada de Grecia de la OTAN.


Para un estado belicista y partidario de la OTAN como Israel, estas propuestas tienen que causar alarma. Desde la victoria electoral del partido conservador Nueva Democracia en 2007, Grecia se ha acercado más a Israel, llevando a cabo varias maniobras navales y aéreas conjuntas entre 2010 y 2013. La oposición de Syriza a esta cooperación podría cambiar el curso de las relaciones del país con Israel y los palestinos.
Otro elemento que podría preocupar a los fanáticos sionistas de Tel Aviv y Jerusalén es las raíces que tiene Syriza en las movilizaciones del pueblo griego, que se ha opuesto abrumadoramente a las agresiones y los crímenes de guerra israelíes. El parlamentario Theodoris Dritsas, ahora ministro en el nuevo gobierno, participó en la Flotilla de la Libertad de 2011 que intentó romper el bloqueo ilegal israelí de la Franja de Gaza.

Dritsas es, irónicamente para Israel, el nuevo viceministro de transporte marítimo, lo cual puede añadir algunos impedimentos a cualquier futuro intento israelí de bloquear a los barcos griegos que naveguen hacia Gaza (como ya hiciera el Churat HaDin, el frente legal vinculado al Mossad, que enredó a un barco griego en una maraña burocrática legal para impedir su salida).

El año pasado, Syriza, entonces en la oposición, condenó el ataque israelí contra Gaza y pidió un inmediato alto el fuego para “detener la masacre en la Franja de Gaza”. Su líder, Alexis Tsipras, nuevo primer ministro, dijo entonces: “Es inaceptable ver a Israel matar a niños en Palestina. Debemos unir nuestras voces y nuestras fuerzas para vivir en paz, expresando nuestra solidaridad con el pueblo palestino”.
El FPLP, principal partido marxista-leninista de Palestina, ha saludado la victoria de Syriza, al tiempo que ha advertido que “estas elecciones parlamentarias no constituyen una revolución”.
Realmente, hay muchas razones para la prudencia.

Syriza ha rozado los 151 escaños necesarios que le habrían permitido gobernar con mayoría absoluta y ha tenido que llegar a un acuerdo con el partido de derechas (anti-rescate) Griegos Independientes. Su líder Panos Kammenos es el nuevo ministro de defensa, por lo que tendrá mucho que decir en cualquier reajuste de las relaciones con Israel.

En segundo lugar, la política del partido respecto a Palestina es profundamente equivocada en una cuestión fundamental. Aunque, como se ha mencionado, su programa electoral de 2012 pedía poner término a la cooperación militar con Israel, también pedía “apoyar la creación de un estado palestino dentro de las fronteras de 1967”, sin referirse en ningún momento a los derechos de los palestinos de los territorios ocupados en 1948 (“Israel”) ni a los millones de refugiados palestinos que no pueden volver a sus hogares.

La declaración de Syriza del año pasado, en la que condenaba la guerra de Israel contra Gaza, no pedía el fin de las relaciones militares con Israel. Más preocupante todavía es que persistía en el error de pedir el reconocimiento de “la integridad territorial de ambos estados, el estado de Israel y el estado palestino”.
Como ha argumentado Alí Abunimah, el llamamiento a “reconocer” a Israel es, simple y llanamente, un llamamiento a reconocer el “derecho” de Israel a ser un estado racista y de apartheid, de hecho y de derecho. Reconocer una “Palestina” dividida en pequeños trozos de Cisjordania es, en última instancia, parte de ese mismo proyecto. Así pues, la postura de Syriza sobre Israel no parece ser muy diferente de la que tienen los partidos socialdemócratas europeos más a la derecha, como el Partido Laborista británico o el Partido Socialista Francés (aunque estos tienen un historial mucho más pro-israelí).

Por último, ha habido una nueva señal preocupante del compromiso de Syriza con Israel, que ha aparecido en la prensa israelí esta semana. Un antiguo embajador israelí en Grecia ha escrito un artículo en el que, al tiempo que lamenta la victoria de Syriza, concluye con un tono de cauto optimismo (desde su perspectiva). Recuerda que en 2012 organizó una reunión entre Tsipras, entonces recién estrenado jefe de la oposición, y el entonces presidente de Israel, Simón Peres, un personaje muy respetado en el estado judío y que tiene un historial sangriento como criminal de guerra.

Arye Mekel, el exembajador en cuestión, dice que la reunión fue “muy bien” y que Tsipras escuchó a Peres “como un alumno ante su maestro, evitando las críticas a Israel”.
Esto puede ser un resumen optimista cosecha de Mekel. Pero considerando los enormes desafíos que el partido de izquierda tiene ahora ante sí, es poco probable que la promoción de los derechos de los palestinos figure en un lugar prioritario en su agenda política.

Asa Winstanley es colaborador de The Electronic Intifada y periodista de investigación, residente en Londres.

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